FEEDBACK, ESCUCHA Y ACCIÓN
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Dar retroalimentación no es corregir: es construir con ajuste y acompañamiento. El feedback sano no existe para “tener razón”, existe para que algo mejore. Cuando se da bien, fortalece claridad, confianza y desempeño. Cuando se da mal, genera resistencia, vergüenza o cumplimiento superficial.
Si corriges sin apertura, el mensaje no entra. Si generas apertura pero sin corrección, el vínculo se cuida, pero nada cambia. |
La justa medida aparece cuando se distinguen dos cosas: apertura y corrección. Si corriges sin apertura, el mensaje puede ser cierto, pero no entra. Si generas apertura sin corrección, el vínculo se cuida, pero nada cambia. Un buen feedback combina ambas cosas: clima suficiente para escuchar y punto suficientemente claro para ajustar.
La escucha, en este marco es una herramienta para decidir con precisión. Escuchar bien no significa explorar sin fin; significa entender lo necesario para intervenir con criterio. Por eso tu material enfatiza preguntas concretas, contexto y versiones, pero también la necesidad de no volver la conversación eterna. La escucha madura afina sin dispersar.
Y para que la buena escucha y el feedback se conviertan en resultados, se necesita cerrar con un acuerdo mínimo y el seguimiento. Qué se ajusta, cómo se ve, cuándo se revisa. No para perseguir, sino para avanzar.
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