top of page

DECIDIR SIN PARÁLISIS

  • 1 day ago
  • 2 min read

Decidir no es tener control total. Es tener claridad suficiente para avanzar. La parálisis aparece cuando buscamos certeza perfecta, opciones ideales o decisiones sin costo. En la realidad, muchas decisiones son viables, no perfectas. Y el liderazgo es elegir un camino que proteja el proceso y el resultado sin generar rupturas innecesarias.

Una buena decisión no siempre es “la mejor posible”,

sino la mejor dentro de lo que se puede ver y sostener hoy

Herbert Simon lo dijo con crudeza práctica: no decidimos con racionalidad perfecta, decidimos con racionalidad limitada. No porque falte capacidad, sino porque el tiempo, la información y la atención siempre son finitos. Por eso, una buena decisión no siempre es “la mejor posible”, sino la mejor dentro de lo que se puede ver y sostener hoy. A eso se le llama “satisficing”: cerrar la búsqueda cuando aparece una opción suficientemente buena para cumplir el objetivo sin sacrificar el ritmo del sistema. 


Replantear no es dudar: es mejorar. Es una pausa táctica para afinar rumbo sin frenar el avance. El replanteo sano no abre un ciclo infinito de análisis; ajusta una variable clave y devuelve al equipo a la ejecución. Por eso la capacidad de simplificar lo complejo es oro: detectar qué es lo que realmente importa, y soltar lo que no mueve la aguja.


Kahneman agrega otra capa: muchas veces lo que nos traba no es la falta de opciones, sino la forma en que la mente evalúa. El Sistema 1 quiere cerrar rápido con una historia coherente; el Sistema 2 quiere justificar y sentirse seguro. En esa tensión nace el sesgo de “certeza”: creemos que necesitamos más datos, cuando en realidad necesitamos mejor criterio. El buen liderazgo no elimina los sesgos, pero los domestica: hace visible la suposición central, pide una verificación mínima, compara dos escenarios, y decide sin dramatizar el costo de renunciar a lo que quedó afuera.


También existe el estándar interno: querer solidez, calidad y buen resultado. Eso es una fortaleza, siempre que no se convierta en perfeccionismo inmóvil. La excelencia se sostiene con decisiones sólidas y criterio pragmático: recursos disponibles, impacto posible, costo–beneficio. Cuando el estándar interno está bien calibrado, no se usa para exigir control absoluto, sino para elegir con responsabilidad: definir qué “suficiente” significa aquí, y qué nivel de riesgo es aceptable para avanzar sin romper la calidad.

 
 
 

Comments


Recent Posts

© 2023 by Kathy Schulders. Proudly created with Wix.com 

  • Grey Twitter Icon
bottom of page