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¿CUÁL ES LA JUSTA MEDIDA DE LOS LÍMITES?

  • 23 hours ago
  • 1 min read

Poner límites no es “ponerse duro”. Es dar encuadre: definir qué se espera, qué no y por qué y eso reduce la incertidumbre. Cuando el límite tiene sentido, la relación no se rompe: se ordena. Y cuando el límite se vuelve una imposición, la gente cumple por presión o se desconecta por dentro. Los límites sanos cumplen una función psicológica y relacional: reducen incertidumbre y protegen el vínculo.

Dar encuadre: definir qué se espera, qué no y por qué, eso reduce la incertidumbre

La justa medida aparece cuando distinguís dos cosas: lo no negociable y lo ajustable. Lo no negociable suele estar ligado a la calidad, la seguridad, los valores, los tiempos críticos o el respeto básico. Lo ajustable suele ser la forma: el cómo, el ritmo, el método, la secuencia. Un límite sano tiene firmeza en el núcleo y flexibilidad en la periferia.


Un problema típico es confundir empatía con suavidad. La empatía no elimina el límite: lo vuelve decible. Un buen encuadre se puede sostener con buen tono, sin discursos largos, sin culpas y sin amenazas. A veces basta una frase clara: “Esto sí. Esto no. Esto cambia. Esto se mantiene”.


Para que el límite exista de verdad, necesitas una última pieza: seguimiento sin drama. Los acuerdos se deterioran cuando se suponen. Por eso conviene “homologar” pequeños detalles y reforzar criterios cuando el contexto cambia. No para controlar, sino para evitar que el marco se vuelva confuso. Un límite sano no está hecho para pelear; está hecho para que el trabajo y el vínculo tengan un piso estable.




 
 
 

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